División del mundo: “los que juegan al rugby y el resto…”

“Traiga ropita pa’ dañar y eso sí, no se le ocurra dejar las ganas en la casa…” fueron las primeras palabras que recibí y que usualmente recibirá cualquier persona que intente acercarse al rugby, un deporte de contacto que a la fecha está sumando casi 6000 “adeptos” en sus 20 años de existencia en Colombia. (Rugby en Colombia)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Determinar las razones por las que llegan nuevos jugadores al rugby es ofrecer un sinfín de posibilidades, un azar de particularidades, que saltan desde el rechazó a los deportes tradicionales en nuestro país, como lo son: el fútbol, el fútbol sala, el micro fútbol… ¿ya mencioné el fútbol? hasta la búsqueda de adrenalina, simple curiosidad o nada quéhacer un lunes en la tarde.

Juan David Navia, un afrodesciente nacido en Cali y educado en tierras antioqueñas, con una altura de 1,85 metros y con un peso de más de 100 kilos. A sus 28 años recuerda que llegó al rugby hace siete años porque pensó que su físico podría serle útil a ese deporte que veía en la televisión. Y Lawrance, como fue apodado por su compañeros de equipo, llegó pronto a ser el número ocho de la Selección Colombia.

Este delantero que llegó por invitación de un amigo al equipo Gatos Rugby Club (equipo titular de la Universidad de Antioquia) dice que lo que él encuentra en el rugby es un “sentimiento de hermandad y sacrificio” porque “nada genera más empatía que el compañero que se está haciendo matar por uno…”. Desde aquel llamado no abandona el Club que lo recibió y por el contrario retribuye lo recibido entrenando a las categorías inferiores.

Los entrenos y las condiciones del mismo varían según el apoyo que se reciba: Arena o grama, terrenos adaptados o toscas canchas de fútbol son parte de los lugares aprovechados por los jugadores de rugby que como David Navia, desde el compartir en un simple entreno, ayudan en el reconocimiento del deporte mostrándolo como un verdadero estilo de vida.

Calentamiento y pases del balón ovalado son sólo parte de las acciones previas; ensayo de jugadas y tackles, ejercicios de resistencia, pruebas de velocidad y fortalecimiento de tracción continúan en la rutina. Hasta que llega el entreno de verdad, el juego al final: “Patee el balón, !corra! no se deje tacklear, pase el balón; ¿por qué tan lento?, ¡muévase! ¿Por qué lo dejó solo?, ¡acompáñelo!; ¿ya se cansó?, mire… ¡su rival no! diez vueltas a la cancha por culpa del error; no fallen tackles ¿lo fallaron? veinte de pecho, ¿lo volvieron a fallar? veinte de pecho más…”

Y aunque las voces de mando parecen de uso militar, los objetivos de la misma no obedecen más que a la creación de fraternidad, una fraternidad donde el error no perjudica sino que llama al apoyo y al acompañamiento, a la idealización de un verdadero equipo con ansias de unión y fortaleza. Y donde las heridas del final no significan más que la confianza entregada en un sacrificio grupal.

“¿Quién tiene cinta aislante?” Es una de la frases que más se escuchan en los momentos previos a un partido, pues este útil elemento para conexiones eléctricas y demás tareas domésticas, sirve también: para mantener dedos en su lugar, para sujetar orejas (y así evitar el roce que las hace sangrar) y en algunos casos, remendar guayos. Su utilización a veces equivale a la de una venda, pero con un poco más de resistencia, completamente ajustable y más incómoda.

Empiezan los afanes, la búsqueda de un buen lugar para calentar es lo que compete a la mayoría del equipo. Entre gritos y manifestaciones para “calentar la sangre” se hacen estiramientos y demás ejercicios que no permitan que un hombro se desencaje o que un tobillo ceda más de lo necesario. Se repasan jugadas y se recuerdan reglas:

El entrenador a cargo recomienda lo que hay que hacer, pero también es el encargado de saber quién va a tener el honor de recibir la camiseta. Se comienza nombrando a las tres personas de la primera linea de delanteros, quienes deben tener más masa muscular, pues a su cargo está la fuerza del equipo; continúan por nombrar a las dos segundas lineas, usualmente los más altos y fuertes del equipo, en ellos está la tarea de traccionar la primera linea mientras se hace parte del scrum (formación realizada para cobrar faltas al juego); para terminar con los delanteros se llama a los tres que conformarán la tercera linea, sujetos menos grandes pero con una obligada velocidad de tackle, su papel en el scrum es brindar estabilidad a la formación.

Entre aplausos, sudor y gritos de felicitación el entrenador procede a llamar al resto del equipo, llamada la linea, asignando la camiseta nueve a quién considere rápido e inteligente, pues es el puente directo entre los delanteros y las lineas, es el encargado de velar por el balón y dirigir muchos de los ataques; el siguiente es el jugador número diez y también llamado: apertura, jugador que por su experiencia arma las jugadas y mira los tryes potenciales, con un gran manejo de espacio y pensamientos rápidos.

Los siguientes dos jugadores son la mano derecha del apertura, se hacen llamar primer centro y segundo centro, pero esto depende de quién tenga mejor manejo de balón de los dos, es necesario alguien que no deje caer balones al lado del armador de juego; dos posiciones más son denominadas “alas” y están a los extremos de la cancha, siempre listos a correr cuando el balón llegue a sus manos. Por último está el fullback, último jugador que se encarga de recibir los balones que patee el equipo contrario.

En un abrazo colectivo se cierra el círculo. Ahora el sudor, la energía y el estusiasmo son los elementos que acompañan la arenga de quienes tienen algo por compartir, de quienes quieren alzar los ánimos. Quince corazones agolpados prometen no dejar a su hermano en el suelo y sin apoyo, prometen, sólo con las miradas, no decepcionar a los que se quedan en la banca. Se tararea el himno de la Universidad de Antioquia, se hacen algunos rituales y un grito “¡U A!” busca la victoria, se rompe el círculo y se da paso al pitazo inicial.

Mauricio Henao rugbier desde el año 1998 y que fue primera linea de la Selección Colombia de Rugby por ocho años. Es el entrenador de la primera y segunda división de Gatos y de otros equipos juveniles de la ciudad, además de la sub 18 de la Selección Colombia. Su listado de logros están entre 38 o 40 títulos como entrenador donde los más importantes son un título en Mérida Venezuela y el primer lugar con la selección sub 18 en Perú, lugar del Suramericano de Rugby 2009.

Mauricio es el claro ejemplo de entrega. Su gestión y el empeño por obtener beneficios para la comunidad rugbier en un país donde los deportes que no tengan que ver con fútbol poco importan, han sido admirables: desde la gestión para incluirlo en Las Escuelas Populares del Deporte de la ciudad de Medellín, hasta pararse y gritarle al Alcalde de Medellín, Alonso Salazar, mientras se encontraba en una reunión comunitaria, para pedirle un escenario propio para el deporte, respaldan mi enunciado. Por fortuna respondió que sí a la petición de la cancha. (Noticia sobre la cancha)

No basta sólo con escuchar sus palabras, es necesario contemplar la acción de sus 120 kilos, la pasión con la que se entrega en la cancha, el compañerismo que manifiesta en sus acciones. Porque si le preguntan por qué razón juega al rugby, seguró contestará que “no se necesita una razón para jugar al rugby, porque el rugby se juega con el corazón…”

La señal de la última jugada determinada por el árbitro, según el marcador, puede ser el inicio de la alegría o el fin de la agonía dando paso al comienzo de la decepción. ¿Pero qué pasa cuando el entretiempo es obligado? ¿Cuando la oportunidad de la revancha está limitada por la situación?

No todo en el rugby se da de la mejor forma y tarde o temprano las consecuencias se hacen notar. Las lesiones son el pan de cada día y ningún jugador por bueno que sea está libre una mala posición o un tackle no técnico con impacto en un mal lugar.

Gustavo Andrés Díaz, un argentino de la localidad de Tucumán, denominada la capital del rugby argentino, practica dicho deporte desde lo nueve años y precisamente afirma que “la ventaja de entrenar desde chicos, es que el cuerpo se acondiciona a los golpes, desarrollas más fibra, lo cual te da más resistencia”.

Juan David Navia no fue la excepción a la regla y una tarde de septiembre del año 2009, mientras jugaba un amistoso en una cancha de grama un poco húmeda. Vio como años de baloncesto no le dieron la suficiente resistencia para soportar un tackle que le lesionó la rodilla, le hizo derramar parte del líquido sinovial y puso en peligro el nervio.

“Lo primero que pensé, es que me iba a perder el proceso de selección. Igual no pensaba que fuera grave, pues sólo estaba roja la rodilla, no estaba tan inflamada” la tranquilidad de aquel momento por no pensar que su lesión había sido grave, lo llevó a consultar al médico al día siguiente y en cambio, irse como pudo a un asado de integración con el resto del equipo.

Empezaba un entretiempo incierto para Lawrance y su lucha por volver a caminar, porque lo que poca gente sabe, es que su ortopedista le dijo que posiblemente no iba a volver a caminar, que su masa corporal era demasiada y que su rodilla no iba a resistir su peso sin la ayuda de las muletas. Ahí empezó su lucha contra el destino y en la que por fortuna salió victorioso.

Como suele suceder en un partido cuando se lleva perdido, si aún queda un segundo tiempo, queda una esperanza. Así Juan David Navia empezó a colocarse metas, como algún día lo hizo para enfrentarse al proceso de selección que lo llevo a la representar a su país en el Suramericano de mayores en Paraguay, se puso una meta para comenzar a caminar de nuevo, por sus propios medios, como lo hacía antes.

Ya han pasado más de dos años y sólo necesitó de cuatro meses para defenderse por sus propios medios, para cojear al caminar, pero caminar al fin y al cabo. Los más de doscientos kilos que levantaba de pierna antes del accidente, son una gran hazaña que ya no sólo hace parte del pasado, pues la disciplina aprendida gracias al deporte, de nuevo le dio la oportunidad de estar en las canchas.

La vida de Lawrance como ejemplo al igual que la de Mauricio Henao y que no es ajena en lo más mínimo a la de Gustavo Díaz ni la de Sebastián Mejía, son señales de un estilo de vida, porque como lo define un viejo entrenador galés al clasificar al mundo en dos “los que juegan al rugby y el resto” y como lo reafirma Gustavo “El rugby es un verdadero deporte, el resto, simples pasatiempos…”

Anuncios

Acerca de Stiverp
Prospecto de periodista con grandes intereses en tecnología, internet, fotografía, astronomía y un montón de cosas más que irán conociendo con el tiempo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: